jueves, 10 de octubre de 2019

EL LOBO Y LA BRUJA



El lobo, cansado de ser el malo del cuento, harto de ser visto como el villano de la historia, se fue a recorrer nuevos senderos, donde nadie lo conociera, donde nadie tuviese prejuicios hacia él, quería ser capaz de comenzar una nueva historia donde él no fuese el odiado, donde nadie fuese odiado.

Después de mucho caminar, después de pasar mucho tiempo en soledad, entonces la encontró a ella, sentada sobre una roca en el camino, con sus manos cubriendo su rostro, su vestido negro, hermoso pero no tan llamativo, su cabello enmarañado, con una belleza nada común, sus zapatos, también negros, algo polvorientos por tanto caminar.

Él le preguntó:
- Hola, ¿qué haces acá tan sola?
Y ella, sorprendida, le dijo:
- Estoy acá tratando de alejarme de la maldad de los demás, que solo ven tu exterior y te juzgan por tu apariencia sin siquiera intentar descubrir ni conocer nada más de ti, alejarme de aquellos seres que dicen ser buenos pero actúan contrariamente a sus palabras, seres llenos de hipocresía y faltos de compasión.

El lobo la miró, sabiendo claramente a qué se refería, se acercó un poco sabiendo que no sería rechazado por lo que es, deseoso de compañía y sintiendo la necesidad de dar compañía.
- ¿Quieres compañía?, ¿me permites acompañarte un rato?
Ella, enjugando sus lágrimas y dejando ver sus hermosos ojos, lo miró y le dijo:
- Claro que puedes, para mí sería un placer, solo te pido que me acompañes, no por lástima, sino por que nace de tu corazón, quiero sentirme amada por lo que soy sin que me señalen ni sigan estereotipos de bondad que terminan siendo crueles y, por ende, mucho más malvados.
- Me quedo porque quiero, porque, cómo tú, soy un incomprendido y porque, en mi corazón, siento que podemos derribar barreras y ser felices juntos.

Ella río mientras él, se acurrucada a sus pies.
- Eres muy tierno, por lo visto tu apariencia es solo una coraza, una pétrea coraza, pero en tu interior eres blando y llevas dulzura, eso lo puedo sentir.
Él la miró con una mirada que desprendía amor.
- Entonces me quedaré a tu lado hasta que la luna deje de ser motivo de poemas y las estrellas no se asomen más en el cielo nocturno.
- Siéntate cerca de mí, no a mis pies sino a mi lado - dijo ella mientras acariciaba su cabeza.
- No puedo rechazar tu invitación, aunque quisiera, hay algo en ti que me hechiza, creo que son tus ojos profundos o tu voz que suena a poesía.

Ella se sonrojó, pero él apenas lo notó, ella estaba oculta bajo su capucha y la luna apenas dejaba ver algo de su rostro que en verdad era hermoso, no la hermosura que puedas encontrar en la mayoría, era la hermosura que le daban esos ojos tan expresivos, esa sonrisa tan elocuente, sin nada de maquillaje, ella resplandecía de belleza.
- ¿Sabías que las estrellas más brillantes no son siempre las más cercanas? - preguntó ella - a veces simplemente las más lejanas brillan con tanto fulgor que se dejan ver desde la lejanía.
- Pues así pasa con todo, hay seres que brillan tanto que no pueden ocultar su belleza aunque quieran - lo dijo mientras colocaba su cabeza en su regazo.
- No me conoces por completo, no puedes saber cómo soy.
- Ya conozco lo suficiente de ti como para saber que eres alguien especial.

Ambos miraron al vacío, como buscando las palabras correctas para continuar la conversación pero ya estaban tan conectados que no necesitaron más palabras por un buen rato, ambos se perdieron en sus pensamientos que se entrelazaban.
- Siempre he sido temido - dijo él, rompiendo el silencio - mis fauces, mis garras y mi apariencia en general, hacen huir a cualquiera y me hacen ser odiado.
- Algo parecido pasa conmigo, la apariencia es lo que más le importa a la mayoría, parece ser que una mujer siempre debe vestir con tonos pasteles para ser buena.
- Adoro tu apariencia, lo común no es lo mío, y puedo ver que eres una hermosa mujer, no me refiero meramente al exterior.
- Pero insisto, no me conoces por completo, has de conocer mis locuras, mi lado más endiablado y no tan bello.
- Eso no hace falta, somos seres muy parecidos, te conozco porque me conozco, te amo porque me amo, miro a tus ojos y puedo perderme en ellos, tienen un brillo que no he visto jamás, me puedo quedar a vivir en tu sonrisa por siempre.

Desde entonces un nuevo cuento fue escrito, sin estereotipos ni prejuicios, en el cual importa más el interior que el exterior, un verdadero cuento de amor.
Y cuentan que desde entonces, en noches de luna llena, ella se convierte en loba para recorrer el bosque junto a él y amarse por completo, pero en otras noches, ella, siendo una bruja, prepara algún brebaje para que él pueda sacarse la piel de lobo y vestirse de hombre, no de un príncipe azul montado sobre un brioso corcel blanco, sino de un plebeyo común, con ojos brillantes como estrellas, con fuertes brazos para poder cargarla a ella hasta su lecho de amor, porque...
¿quién dijo que los villanos no saben amar?

Autor desconocido.




martes, 23 de enero de 2018

sábado, 23 de septiembre de 2017

QUIERO SER....


Es hora de mirar un poco más allá, de escarbar en mi interior para encontrarme a mí misma. 

De explorar esos valles y fronteras que abarcan un mundo de ilusiones, incluso de miedos por superar. 

Quiero buscar esa moneda perdida que resulta que tiene más valor del que se le otorga. Que no es moneda de cambio. 

Quiero alzar mis manos al cielo y tocar lo que considero mío, lo que se me arrebató sin aviso, sin permiso… lo que me dio la vida. 

Deseo nadar en océanos de aventuras, de locuras, que me hagan conocer mi propia naturaleza, mi propio yo. 

Soy hija de un arcoíris que quiere brillar en la inmensidad de esos colores de hermosa intensidad. 

Buscar esos horizontes lejanos y perderme en mi realidad, con mi soledad y ver mi verdad. 

Tengo el valor y la entrega, la lucha y la valentía, tengo ganas de seguir aquí… de ser yo misma… de vivir. 

Quiero conquistar mi alma, que tiene la fuerza de un volcán y destruir todas las barreras que se interpongan en mi camino. 

Anhelo un atardecer que haga despertar mis sueños y estremezca mis sentidos. 

Quiero ser yo… sin más.

Ana Mavi MF

sábado, 5 de agosto de 2017

COSAS DEL ALMA...


En el amor, siempre encuentras ese miedo que a veces, dudas si es real o son cosas del alma. Esa eterna incomprendida que casi nadie sabe situarla apuntando con su dedo al lugar donde se encuentra, pero el alma, es algo mucho más importante que el lugar donde se encuentre, ya que lo que realmente importa, es que esté plena y rebosante por el amor que reciba, pues hay mucho amor sin alma, pero jamás vivirá el alma, sin ser alimentada por el verdadero amor. ¡Son cosas del Alma!

Ana M.

viernes, 18 de noviembre de 2016

El Mito de Eros (Cupido o Amor romanos)


 

Eros es el dios del amor. En un principio se consideraba nacido a la par de Gea y del Caos. También se piensa que nació del Huevo Original engendrado por la Noche, cuyas dos mitades al romperse formaron el cielo y la tierra respectivamente.
Otras versiones que insistían en verlo como un dios menor, y que le quitaban el simbolismo de cohesión interna del cosmos, apuntaban que Eros era un genio intermediario entre los hombres y los dioses, y que había nacido de Poros (el Recurso) y Penía (la Pobreza). Se caracteriza por ser una fuerza inquieta e insatisfecha.
La tradición más aceptada y difundida establecía que era hijo de Afrodita (diosa del amor) y de Hermes (mensajero de los dioses). Gracias a los poetas clásicas Eros adqurió su fisonomía más conocida que es la de un niño alado, que se divierte llevando el desasosiego a los corazones.
Sin embargo, se ha descubierto que hay diversas genealogías para este dios. A veces se le tiene por hijo de Hermes y Artemisa, o bien de distintas Afroditas. Así habría un Amor, hijo de Hermes y Afrodita Urania, Anteros -amor contrario o recíproco- hijo de Ares (dios de la Guerra) y Afrodita (hija de Zeus y Dione). Otro sería hijo de Hermes y Artemisa (hija de Zeus y Perséfone) y es este el que se identifica más con el tradicional niño alado.
Puede ser según ciertas representaciones que los inflame con la llama del amor, o que los hiera con las flechas. Pero por más ingenua que sea su apariencia, se adivina en el fondo al dios poderoso y grande. Su madre le tiene muchas consideraciones y cierto temor.
Una de las historias más conocidas y además muy romántica donde interviene Eros, es en la que se enamora de la mortal Psique, y de cómo pierde a su amada y luego la recupera, casándose con ella.
En ocasiones, se le llama Amor o Amores, y su versión latina es conocida como Cupido.