jueves, 23 de abril de 2020

TOCAR MADERA COMO MEDIDA DE PROTECCIÓN


Una de las supersticiones más conocidas es la de «tocar madera«, utilizada tanto por aquéllos que quieren protegerse de un posible daño como para los que formulan un deseo y quieren que éste se cumpla. Los orígenes de esta superstición son tan antiguos como misteriosos, y aunque muchos lo interpretan como una metáfora de tocar la Santa Cruz (por estar hecha de madera), lo cierto es que aproximadamente dos milenios antes ya se consideraba a los árboles (especialmente a los robles) como recipientes espirituales y canalizadores de poderosas fuerzas místicas.
Los robles han sido considerados como un árbol sagrado por muchas culturas de la antigüedad, y existía la creencia de que en las vetas de su madera moraba el Genio del fuego y la vitalidad, un ser que concedía el éxito a sus devotos. Otra posible causa de tal adoración por el roble es la frecuencia con que estos árboles son alcanzados por los rayos durante las tormentas, algo que hizo pensar a los antiguos que podían canalizar las fuerzas y energías naturales. Posiblemente una conjunción de esta idea junto con la de la Santa Cruz hayan terminado por generar esta costumbre de tocar madera.
Curiosamente y aunque mucha gente no lo sepa esta superstición incluye una condición y es que la madera que toquemos no puede tener patas, por lo que no nos valen mesas ni sillas, la madera debe tener su base en la misma tierra (o bajo ella, como los árboles). También hay quienes aseguran que escuchar el crujido de la madera es presagio de un infortunio, y también que encontrarse durante la mañana con una persona que lleve una pata de palo nos traerá suerte, siempre y cuando no le sigamos con la mirada ya que esto nos traerá la desgracia. Muchas personas, cuando presumen de tener una racha de suerte y para no perderla, recurren a tocar madera con la esperanza de retener dicha racha.
Publicado en: Supersticiones

EXTRAÑO TANTO...



El canto de un pájaro, su revoloteo en torno a mi, el aleteo de una mariposa y el suave murmullo de los arboles un día de primavera.

El cielo azul, que se pierde en el horizonte y se acaricia con la tierra, como unos suaves labios cuando se estremecen en un beso.

El palpitar de mi corazón al divisar esa mezcla de colores vivos de una naturaleza, que no entiende de maldad ni de rencor.

Es volar al pisar la arena, que tapa sus entrañas dando vida a nuevas almas.

El acompasar de nuevos acordes al escuchar el agua a mi paso, su calma y a la misma vez su bravura, es como, un afluente de vida, de amor, de ilusión… de compasión.

Es el verde, es el azul, el amarillo y ese naranja del atardecer que llevo en mi corazón… es, esa explosión de color que brindas y me llena de emoción.

Hasta pronto, espérame, por favor.

Ana Mavi M.F.

jueves, 10 de octubre de 2019

EL LOBO Y LA BRUJA



El lobo, cansado de ser el malo del cuento, harto de ser visto como el villano de la historia, se fue a recorrer nuevos senderos, donde nadie lo conociera, donde nadie tuviese prejuicios hacia él, quería ser capaz de comenzar una nueva historia donde él no fuese el odiado, donde nadie fuese odiado.

Después de mucho caminar, después de pasar mucho tiempo en soledad, entonces la encontró a ella, sentada sobre una roca en el camino, con sus manos cubriendo su rostro, su vestido negro, hermoso pero no tan llamativo, su cabello enmarañado, con una belleza nada común, sus zapatos, también negros, algo polvorientos por tanto caminar.

Él le preguntó:
- Hola, ¿qué haces acá tan sola?
Y ella, sorprendida, le dijo:
- Estoy acá tratando de alejarme de la maldad de los demás, que solo ven tu exterior y te juzgan por tu apariencia sin siquiera intentar descubrir ni conocer nada más de ti, alejarme de aquellos seres que dicen ser buenos pero actúan contrariamente a sus palabras, seres llenos de hipocresía y faltos de compasión.

El lobo la miró, sabiendo claramente a qué se refería, se acercó un poco sabiendo que no sería rechazado por lo que es, deseoso de compañía y sintiendo la necesidad de dar compañía.
- ¿Quieres compañía?, ¿me permites acompañarte un rato?
Ella, enjugando sus lágrimas y dejando ver sus hermosos ojos, lo miró y le dijo:
- Claro que puedes, para mí sería un placer, solo te pido que me acompañes, no por lástima, sino por que nace de tu corazón, quiero sentirme amada por lo que soy sin que me señalen ni sigan estereotipos de bondad que terminan siendo crueles y, por ende, mucho más malvados.
- Me quedo porque quiero, porque, cómo tú, soy un incomprendido y porque, en mi corazón, siento que podemos derribar barreras y ser felices juntos.

Ella río mientras él, se acurrucada a sus pies.
- Eres muy tierno, por lo visto tu apariencia es solo una coraza, una pétrea coraza, pero en tu interior eres blando y llevas dulzura, eso lo puedo sentir.
Él la miró con una mirada que desprendía amor.
- Entonces me quedaré a tu lado hasta que la luna deje de ser motivo de poemas y las estrellas no se asomen más en el cielo nocturno.
- Siéntate cerca de mí, no a mis pies sino a mi lado - dijo ella mientras acariciaba su cabeza.
- No puedo rechazar tu invitación, aunque quisiera, hay algo en ti que me hechiza, creo que son tus ojos profundos o tu voz que suena a poesía.

Ella se sonrojó, pero él apenas lo notó, ella estaba oculta bajo su capucha y la luna apenas dejaba ver algo de su rostro que en verdad era hermoso, no la hermosura que puedas encontrar en la mayoría, era la hermosura que le daban esos ojos tan expresivos, esa sonrisa tan elocuente, sin nada de maquillaje, ella resplandecía de belleza.
- ¿Sabías que las estrellas más brillantes no son siempre las más cercanas? - preguntó ella - a veces simplemente las más lejanas brillan con tanto fulgor que se dejan ver desde la lejanía.
- Pues así pasa con todo, hay seres que brillan tanto que no pueden ocultar su belleza aunque quieran - lo dijo mientras colocaba su cabeza en su regazo.
- No me conoces por completo, no puedes saber cómo soy.
- Ya conozco lo suficiente de ti como para saber que eres alguien especial.

Ambos miraron al vacío, como buscando las palabras correctas para continuar la conversación pero ya estaban tan conectados que no necesitaron más palabras por un buen rato, ambos se perdieron en sus pensamientos que se entrelazaban.
- Siempre he sido temido - dijo él, rompiendo el silencio - mis fauces, mis garras y mi apariencia en general, hacen huir a cualquiera y me hacen ser odiado.
- Algo parecido pasa conmigo, la apariencia es lo que más le importa a la mayoría, parece ser que una mujer siempre debe vestir con tonos pasteles para ser buena.
- Adoro tu apariencia, lo común no es lo mío, y puedo ver que eres una hermosa mujer, no me refiero meramente al exterior.
- Pero insisto, no me conoces por completo, has de conocer mis locuras, mi lado más endiablado y no tan bello.
- Eso no hace falta, somos seres muy parecidos, te conozco porque me conozco, te amo porque me amo, miro a tus ojos y puedo perderme en ellos, tienen un brillo que no he visto jamás, me puedo quedar a vivir en tu sonrisa por siempre.

Desde entonces un nuevo cuento fue escrito, sin estereotipos ni prejuicios, en el cual importa más el interior que el exterior, un verdadero cuento de amor.
Y cuentan que desde entonces, en noches de luna llena, ella se convierte en loba para recorrer el bosque junto a él y amarse por completo, pero en otras noches, ella, siendo una bruja, prepara algún brebaje para que él pueda sacarse la piel de lobo y vestirse de hombre, no de un príncipe azul montado sobre un brioso corcel blanco, sino de un plebeyo común, con ojos brillantes como estrellas, con fuertes brazos para poder cargarla a ella hasta su lecho de amor, porque...
¿quién dijo que los villanos no saben amar?

Autor desconocido.




martes, 23 de enero de 2018

sábado, 23 de septiembre de 2017

QUIERO SER....


Es hora de mirar un poco más allá, de escarbar en mi interior para encontrarme a mí misma. 

De explorar esos valles y fronteras que abarcan un mundo de ilusiones, incluso de miedos por superar. 

Quiero buscar esa moneda perdida que resulta que tiene más valor del que se le otorga. Que no es moneda de cambio. 

Quiero alzar mis manos al cielo y tocar lo que considero mío, lo que se me arrebató sin aviso, sin permiso… lo que me dio la vida. 

Deseo nadar en océanos de aventuras, de locuras, que me hagan conocer mi propia naturaleza, mi propio yo. 

Soy hija de un arcoíris que quiere brillar en la inmensidad de esos colores de hermosa intensidad. 

Buscar esos horizontes lejanos y perderme en mi realidad, con mi soledad y ver mi verdad. 

Tengo el valor y la entrega, la lucha y la valentía, tengo ganas de seguir aquí… de ser yo misma… de vivir. 

Quiero conquistar mi alma, que tiene la fuerza de un volcán y destruir todas las barreras que se interpongan en mi camino. 

Anhelo un atardecer que haga despertar mis sueños y estremezca mis sentidos. 

Quiero ser yo… sin más.

Ana Mavi MF

sábado, 5 de agosto de 2017

COSAS DEL ALMA...


En el amor, siempre encuentras ese miedo que a veces, dudas si es real o son cosas del alma. Esa eterna incomprendida que casi nadie sabe situarla apuntando con su dedo al lugar donde se encuentra, pero el alma, es algo mucho más importante que el lugar donde se encuentre, ya que lo que realmente importa, es que esté plena y rebosante por el amor que reciba, pues hay mucho amor sin alma, pero jamás vivirá el alma, sin ser alimentada por el verdadero amor. ¡Son cosas del Alma!

Ana M.